Discretos

Los amores de Afrodita. Por Virginia Seguí

El profesional argentino con ayuda de un videobeam, títeres, relatos de anécdotas, información de investigaciones y muchas bromas y apuntes humorísticos, les dejó muchas enseñanzas a las asistentes. El País escogió algunas de estas, para compartirlas con sus lectores: 1. Esta actitud es una disposición al placer, al disfrute, tanto de forma individual como compartida, pues el erotismo es algo que se puede vivir de diferentes maneras. Asumir una actitud erótica permite entender que no solo se disfruta de la sexualidad con penetración o con sexo oral, sino con el contacto piel a piel, con la participación de todos los cinco sentidos, con la creatividad. Autoestima y autonoconocimiento Para ser una diosa apasionada en la cama quiera su cuerpo, valórelo. No se acompleje por el gordito, la celulitis ni porque no tenga la figura perfecta. La mayoría de personas en el mundo no tienen cuerpos perfectos y muchas lo disfrutan o lo aprovechan.

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Los amores de Afrodita. Sobresaliendo entre el resto de diosas por sus frecuentes devaneos y amoríos. Su padre adoptado Zeus se la entregó a Hefesto en matrimonio, pero este dios no era del agrado de Afrodita y se sabe que la diosa mantuvo frecuentes relaciones amorosas fuera de su matrimonio, con otros dioses e aun con hombres. Sus amores con Ares fueron de todos conocidos gracias a Hefesto. Hefesto, encolerizado, tejió una red de caza en bronce irrompible y la colocó en el lecho con el que yacía junto a Afrodita, y cuando ésta volvió de Tracia, él le dijo que tenía que ir, a pasar unas cortas asueto, a la isla de Lemmos, e hizo que se marchaba, su esposa avisó a Ares quién se apresuró a visitarla y pronto cayeron en la red preparada al efecto, siendo descubiertos. Al parecer las diosas declinaron la invitación, pero el resto de dioses vivió la situación con cierta hilaridad. Posidón al ver el cuerpo desnudo de la diosa se enamoró al instante de ella y se ofreció a mediar con Ares para que pagara el tributo que reclamaba Hefesto e incluso se ofreció a pagarlo él mismo para después casarse con Afrodita. Ares no pago el tributo, y en realidad nadie lo hizo, porque la realidad es que Hefesto estaba enamorado de Afrodita y no tenía verdaderas intenciones de divorciarse de ella.

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